lunes, 21 de marzo de 2011

PICO ALMANZOR (parte II)


                  Amanece. No he dormido muy bien esta noche y ya estaba deseando que amaneciera para ponernos en marcha. Pero el caso es que ahora hace frío y da pereza salir del calorcito confortable del saco de plumas.  Por fin me decido a salir del saco. Me pongo los pantalones y el forro polar y me siento sobre una piedra a desayunar unas barritas energéticas y agua. Fer también se ha levantado y hace lo mismo que yo. Cuando terminamos  damos la vuelta a los sacos para que se aireen, antes de guardarlos en su funda. Dentro de mi saco aparece la puta araña que se ha estado paseando toda la noche por mi cara, y yo pensando que sería un hilo o alguna pluma del saco.
            Recogemos todo y bajamos hasta el refu para dejar parte del material en una de las casillas que alquilan. Nos aseamos en los lavabos de los pestilentes baños, cogemos agua y nos preparamos para salir hacia la cumbre del Almanzor.
            La mochila ahora pesa muy poco y no me molesta, pero solo pensar en la subida hasta la cumbre ya me cansa. Fernando toma la delantera y empieza a subir saltando de piedra en piedra a un ritmo que yo no puedo seguir. Le dejo hacer, ya me esperará donde sea. Se da cuenta y baja el ritmo. Llego a su altura y le mando a tomar por culo por meter ese ritmo. El cabronazo está muy fuerte y no hay quien le siga. La subida se hace interminable y aún estamos haciendo la parte fácil. Llegamos a un pequeño nevero. Es una pena ver como los neveros que suelen permanecer durante todo el año se van haciendo más pequeños de año en año. Al final lo del cambio climático va resultar verdad.
            Seguimos subiendo. Entramos en la canal Bermeja, llena de piedras y sueldo descompuesto. Nos salimos de la canal y entramos en un callejón de bloques que nos lleva hasta la portilla del Crampón. De aquí a la cumbre ya no queda nada. Subimos por una serie de bloques que nos deja a escasos metros de la cumbre. El último tramo ya es de escalada pura y dura, pero muy sencilla. Sube primero Fernando y luego le sigo siguiendo sus explicaciones. Llegamos a la cumbre.
            Las vistas son espectaculares. Saco unas cuantas fotos para la posteridad. Permanecemos solo unos instantes en la cumbre. Su tamaño es muy reducido, no caben más de dos personas y ya hay gente haciendo cola para subir. Descendemos una especie de escalón para dejar sitio. Hay que andar con muchísimo cuidado ya que estamos muy expuestos. Esto se está llenando de gente y no podemos casi movernos así que decidimos bajar. Destrepamos y bajamos hasta una zona segura. Hacemos una parada técnica para evacuar fluidos y por qué no decirlo, fumarme un cigarrito que me sabe a gloria. Decidimos seguir un camino distinto al de subida. Vamos a ir hacia La Galana, la otra gran cumbre de Gredos y que Fernando quiere hacer hoy. Si el camino por el que hemos subido era jodido este no tiene nombre. De momento por aquí no hay nadie. Por algo será. De hecho ni siquiera se aprecia camino. Nos guiamos como podemos por algún hito que si se ve de vez en cuando. El “camino” se ve interrumpido varias veces por profundas barrancas que hay que rodear o descender y volver a subir por el otro lado. Conclusión: que llevamos una paliza en el cuerpo importante, bueno al menos para mi. Le digo a Fer que le espero por aquí y si quiere que sube el La Galana, que yo no me veo con fuerzas. Tomamos la decisión de bajar de nuevo al refugio. Ya es medio día y el sol atiza de lo lindo. Nos detenemos en el fondo de una de las barrancas a descansar y protegernos un poco del sol. Comemos algo y nos tumbamos a descansar.
            Una hora y pico después seguimos la marcha en dirección al refugio, al que llegamos sin novedad a media tarde. Entramos en el refu y nos pedimos unos bocadillos y unas cervezas. Pasamos el resto de la tarde en el refugio que a esa hora está muy ambientado. Hay un montón de gente en la plataforma de la entrada. Cuando empieza a caer el sol y ya andamos saturados de cerveza recogemos las mochilas y el material que habíamos dejado por la mañana en la casilla alquilada y subimos hacia el vivac que usamos anoche y que hoy volveremos a usar. Cenamos algo y nos acostamos. El cansancio hace estragos y esta vez el sueño llega enseguida. Duermo mejor que la noche anterior y al día siguiente me despierto más descansado, a pesar del dolor de piernas.  Bajamos de nuevo al refugio a desayunar y luego nos cargamos las mochilas en dirección a la Plataforma y la furgoneta.
            Bordeamos la laguna e iniciamos la subida hacia los Barrerones. Se me hace muy larga. Las piernas me pesan, la mochila me pesa. Con la excusa de sacar unas cuantas fotos me detengo de vez en cuando para descansar. Llegamos por fin al alto de los Barrerones. A partir de aquí ya todo el camino es cuesta abajo. Llegamos a medio día al aparcamiento de la Plataforma. El aparcamiento está saturado. Las pozas que hay por la zona están llenas de gente chapoteando. Picamos algo y nos montamos en la furgo en dirección a Los Galayos para intentar alguna otra ruta. Llegamos al restaurante del camping de Guisando justo a la hora de comer. Estoy tan cansado que me cuesta hasta subir un par de escalones en la entrada del restaurante.
            Nos sentamos en la terraza y pedimos un aperitivo. El camarero nos recita la carta. Nos decantamos por unas migas de primero y unos chuletones de Ávila de segundo. Aparece al rato el camarero con unos platos de migas con chistorra y huevo frito. Después del suculento y calorífico plato le digo al camarero que me sirva el chuletón más pequeño que tenga, que casi no tengo hambre. El tipo se lo toma como una ironía y me trae un pedazo chupetón que desborda el plato por todas partes. No puedo ni con la mitad. Estoy que reviento. Pasamos del postre, pero no de unos licorcillos de la tierra que ingerimos como digestivos para intentar bajar la comilona. De los licores pasamos a los cubatas, mientras hacemos planes para la tarde, decidiendo que ruta vamos a hacer. Cuando nos levantamos de la mesa hora y pico larga después no puedo ni moverme, tengo las piernas muy machacadas. Decidimos coger la Furgo y regresar a casa y dar por terminado nuestro trekking por Gredos.
                       

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